Su última creación, una imagen compuesta de susurros que endulzaban sus oídos sin cesar día y noche, transcurriendo las horas y los días cómo olas en la mar.
Esa imágen constante y demandante quemaba cada milímetro de su piel como toda obsesión - tiene que surgir a cada pincelada, nacer, renacer, estallar, dar vida, crear-.
De cada latido de su corazón se desprendían trazos coloridos sobre una manta, su mano danzaba conducida por cada nota mental, en la oscuridad la tristeza y en la claridad la paz, alegría en matices, deseos en rojo, placer en composiciones de color azúl.
El tiempo se supendió en su mente pero no en su cuerpo.
El hambre, el sueño, el cansancio sólo eran distracciones que ponían en peligro el río de energía que obliga a respirar lento y profundo: inspiración.
Y al fin... su hechizo materializado en un lienzo, brillando a luz natural, tan fría y compacta, tan impactante y viva, tan sutil y violenta, una mezcla de contradicción y coherencia, esta ves la demencia encontró un buen disfraz.
Llegó el día, un desfile de locuras posando en la pared... y miradas inquietantes sobre cada obra, buscando sentido sin poseer el sentir.
Creando en la mente historias sobre la historia, compartir impresiones y sensaciones que no existieron en cada nota que impulso con ritmo la mano de su creador.
Convertirse en artista opinando sobre técnicas y proporciones, estilos y abstracciones, medidas y requisitos que aniquilan la pureza del arte: el río de energía.
Y cada veredicto una lanza al espirítu de la demencia que agonizante yace desnuda en cada cuadro como desnudo esta su cuerpo delgado sobre el piso del cuarto impregnado por el olor del éxtasis y la inspiración.
Pobre pintor, su alma en una manta, su arte torturado con veredictos de aquellos que tienen el poder de validar lo que es bello.
Su realidad aniquilada.
- Sales de mi sangre en cada trazo para dejar mi corazón latiendo con las últimas reservas de vida, en cada movimiento se escapa mi alma hasta quedar inmóvil en una galería,- susurraba con la voz atrapada en un profundo llanto.
- Ahora regresa a mí, llename de fuerza cómo aquel día, de nuevo toca mis oídos con tu aliento, desplazate por mi cuerpo, necesito sentirte, esto soy yo... un transporte a disposición de tu voluntad, llegas y me llenas... me abandonas y me dejas como un trazo al carbón gris con directrices confusas tratando de simular formas.
Formando un tapete la desnudez de su cuerpo sobre el piso frío, de sus ojos tristes se derramó un río oscuro y cada lágrima dibujó sobre su rostro el cuadro más angustiante que jamás se ha visto, el vacío tiene forma.
Su mirada fija en un punto preciso donde no existía más que una ventana que no ofrecía nada. Sus ojos intensos disminuían como las últimas llamas de una fogata.
Un cuadro oscuro, un instrumento de la inspiración derramándose en un charco de lágrimas de tinta negra, y yo observando la escena a través del espejo.
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