Friday, May 05, 2006


Cuando nos sorprende el primer encuentro con un objeto, y lo admiramos y nos impresiona fuertemente; esto puede ocurrir antes que sepamos si esé objeto nos es conveniente o no, paréceme que la admiración es la primera de todas las pasiones;

"y no tiene pasión contraria, porque si el objeto que se nos presenta no tiene nada en sí que nos sorprenda, no nos conmueve en modo alguno y le consideramos sin pasión" (asi dice Descartes: "Las pasiones del alma").
La llamada “ley de rendimiento decreciente” de los economistas se aplica a muchas cosas. La reiterada frecuencia de un suceso hace que pierda valor. La repetición reiterada de un suceso hace que este pierda valor. Lo que ayer nos asombraba hoy es lugar comun y consuetudinario.

Cuando te conocì era adicto a tus besos. no podia estar sino cerca de tus labios hùmedos esperando siempre a este corazòn deshidratado...a los diez años -lo vamos decir sin eufemismos- tu boca era un pozo profundo en los que habitaban alimañas y sus aguas estaban envenenadas con hiel negra.La rutina, el tedio, el aburrimiento se produce cuando se pierde toda capacidad de asombro. Es, justamente, una aversión al asombro, porque donde algo de lo inesperado produce efectos de estupefacción , lo deja por instantes sin la habitual significación, en un sin-palabras, en estado de atonitud, allí no hay lugar para el aburrimiento. Atinar sólo a la persistencia de la obsolescencia en procura de lo "absolutamente seguro" produce un bloqueo del deseo. Frente a la imposibilidad del sujeto de anhelar cualquier cosa y entonces "... sabemos siempre por anticipado lo que nos traerá el día siguiente -nada- y que todas las mañanas hasta nuestra muerte, se deslizarán con la misma dulcedumbre insípida, en la misma tonalidad borrosa. Vivimos días gris-perla, en un acolchamiento que nos hace sentir nostalgia de las piedras y de las espinas..." como ha hecho decir Pierre Loti a "Las desencantadas".
HASTÍO
Pasan las horas de hastío
por la estancia familiar
el amplio cuarto sombrío
donde yo empecé a soñar.
Del reloj arrinconado,
que en la penumbra clarea,
el tictac acompasado odiosamente golpea.
Dice la monotonía del agua clara al caer:
un día es como otro día;
hoy es lo mismo que ayer.
Cae la tarde.
El viento agita el parque mustio y dorado...
¡Qué largamente ha llorado toda la fronda march
ita!

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