Sunday, May 07, 2006


¿Es posible definir el amor? ¿Es posible encerrar el amor dentro de un concepto? Recordemos que los conceptos son cómo el espectro de los fenómenos, la caja lineal que los inscribe, umbrátil duplicación de las cosas. El concepto es como el “doble” de cada ser. Por tanto no puede aspirar a suplantar las cosas materiales, la razón no puede suplantar a la vida.
Y el amor es vida, vida quintaesenciada. El amor es inspiración potencial a que los actos se realicen. El amor es el superlativo de los actos; el mas glorioso, el que más realización y alegría no trae. Es plasmación absoluta en el mundo de las cosas sensibles de aquella intención benéfica y enaltecedora que tiende a la unión de los disímiles, de los desiguales.
El amor nos liga a las cosas, aún cuando sea temporal y provisionalmente. El amor es un divino constructor que bajó al mundo “a fin de que todo el Universo viva con conexión”, dice Platón en El Banquete. El amor es conexión substancial, material, física. El amor para ser amor tiene que manifestarse, tiene que hacerse presente en el mundo de las realidades; tiene que tener una actitud realista, natural, espontánea.

Cuando el amor comienza a hacerse cuestión de sí mismo; cuando se hace preguntas acerca de su existencia, ya no es amor, es razón. Y…la razón siempre es voluntaria. La razón es idealismo. El amor idealista (platónico) es introvertido, subjetivo; en este caso la actitud amorosa consiste en torcer la dirección de la atención sentimental y de la mirada erótica y en vez de posarla sobre el objeto del amor, hace un giro de cuarto de conversión y recae sobre sí mismo, sobre el mismo yo que lo emite.
Y el amor es todo lo contrario a eso; "el amor no es un querer entregarse, sino un entregarse sin querer” dice Ortega y Gasset. Es la relación más cósmica entre los dos sexos, de posesión y cesión; un recíproco intercambio de energías positivas que alterará esencialmente el tono vital de los enamorados…”para siempre”… mientras dure.

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